MODULO 1 / ¿Arte sonoro? Una interrogación crítica

Todo tipo de materialidad tiene una sonoridad. Bajo el texto “¿Arte sonoro? Una interrogación crítica”, Arnau Horta determina que el sonido se escapa, incluso, de nuestros sentidos físicos. Así como el “arte no coclear” en los términos de John Cage, que es capaz de cuestionar otros fenómenos e interrogaciones tanto interiores como exteriores a la imaginación, podríamos reflexionar sobre el motivo del sonido en su esencia más pura tanto de forma singular como colectiva.
El sonido es capaz de transformarse, o de ser, desaparecer, imponerse, vibrar en infinidad de maneras que a veces parecen ser tan típicas y otras tan “inventadas”. Nuestros sonidos solo parecen ser percibidos con nuestros sentidos, pero en realidad, hay una ventana hacia un abismo inmenso de posibilidades de aprender el sonido en otra dimensión.
¿Qué nos parecería si el sonido, en realidad, no necesariamente tiene que ser escuchado? Y no se trata de silencio, se trata de algo que no hemos podido llegar a capturar. Tampoco es imaginación, ni alucinación. Sino que es una transición entre lo que se ve y lo que no se ve. ¿Significa eso que el sonido que no escuchamos, no existe? No es exactamente así, significa que aquello que no escuchamos, incluso si no lo vemos y no lo sentimos, existe de alguna manera incluso de forma numérica, como en la física se puede analizar vibraciones en fuentes de luz, o en el arte abstracto en forma de colores.
Creo estar reflexionando sobre el sentido “capaz” del sonido, incluso como una forma de fractal que se repite infinitamente, haciéndose más grande y pequeño, rebotando y amplificándose… Si sabemos que un sonido debería ser “infinito”, puesto que al rebotar entre la materia, puede amplificarse y reducirse tantas veces como pueda, sino consigue escaparse del todo, y fundirse en vibraciones muy bajas, estaríamos hablando de que el sonido es mucho más complejo y viajero de lo que pensamos.
Otro punto clave que observo, es la relación entre sonido y memoria. Muchas veces, puede evocar recuerdos y emociones de manera más potente que las imágenes. En la experimentación sonora actual, se juega con esta capacidad evocadora del sonido, esto lo vemos exclusivamente en el cine o la publicidad, donde constantemente las bandas sonoras nos causan emociones y mientras la imagen se proyecta, hay una simbiosis entre nuestras experiencias y lo que vemos y escuchamos, que se crean experiencias inmersivas que transportan al espectador a otros estados de percepción. Esto se puede relacionar con la forma en que Beethoven, aunque tenía sordera, seguía “oyendo” la música en su mente, recordando sonidos y transformándolos en nuevas composiciones, una de sus técnicas era mantener la cabeza muy cerca de la caja sonora del piano o colocarla directamente encima, justo donde los oídos tocan la estructura para capturar todas las vibraciones posibles y así, sentir cada nota. De hecho el sonido tal vez, es eso, una vibración que contiene una información comunicativa, y nosotros le damos el sentido que creemos que merece, pero es mucho más que eso.